Corren rumores // (desde muchas fuentes) de que hubo una vez un narcisismo // sin espejo y no era, por tanto, eso. // Un narcisismo sin río ni constancia // que devolviera su rostro imperturbable en devenir. Un narcisismo sin mirada y sin objeto. Lo pertinente
a Narciso es su indomable
sordera. El no estar dispuesto a saberse
imagen repetida
o variante y enamorarse de un sí mismo siempre como el eco original.
La tragedia es intermitente. La obsesión está perforada por punzones de olvido, está troceada en collages sin rumbo. Cada trocito se imagina continuo, no concibe el agujero, mucho menos el corte. No se imagina ni único, sino que cada fragmento es el mismo fluido con la misma y tan importante imagen. Él y el mundo son el mismo río sin risa de la no conocida tragedia.
ECO NO ECUCHA A NARCISO Quien habla balbucea los requiebros de un río. Moriría por decir que sus palabras son suyas. Moriría por decir que sus ideas son suyas. Sentimientos sinceros y míos hasta la muerte. Sensaciones sinceras y mías hasta la muerte. Quien habla balbucea los requiebros de un río y si se ahora no será culpa del agua: será el aire que canta y se arrulla con celos.