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sábado, 22 de noviembre de 2014

Portador de la sagrada égida

Creer que el conocimiento de la verdad de la muerte
ha de salvarnos, y poner su emblema en nuestro escudo
como saludo o recordatorio a la victoria.
La égida que estaba hecha con piel de serpiente.
Que fue curtida a lenguas de momentos.
Creer que por los ojos de la égida
verán los enemigos su propio miedo insondable.
O no saber. Ser el portador sin más del signo.


sábado, 30 de agosto de 2014

El único mito del Sol

.....Dicen de Hefesto, herrero de los dioses, que era feo y contrahecho; algo difícil de creer por las razones que expondré más adelante. Antes señalaremos que esta dificultad de fe es precisamente su rasgo de fealdad más poderoso en una mente fría y racional como hay quien supone al ser humano.
.....¿Cómo puede ser feo uno de los pocos hijos legítimos de Zeus y Hera? (La vieja polémica entre Homero y Hesíodo sobre la concepción de Hefesto funciona como un lapsus de inverosimilitud que lo liga con Atenea y con Prometeo. Hefesto y Atenea podrían ser el mismo dios. Hefesto y Prometeo podrían ser los mismos; pero por el relato no lo son)
.....¿Cómo puede ser feo el dios de la tecnología para la civilización más tecnológica de la historia, esto es, la nuestra? No me digan que el hierro es feo, que los bárbaros forjadores del hierro eran feos, o los mineros deformes y contrahechos; no me valen esas excusas. Una civilización siempre ama lo que la hace grande, es su ser, de los pocos amores legítimos de su discurso.
.....Pero no es esto lo que venía a contar. Lo que no se dice, pero se lo desarrolla en otros cuentos medievales (estudien otros esta certera vinculación), es que Hefesto no era feo; sino que se hacía pasar ante los demás por sí mismo, cuando en realidad Hefesto era Ares. Hefesto y Ares son el mismo. Que el hierro y el belicismo son hermanos es un pleonasmo tan ridículo que no podríamos considerarlo así de obvio en los griegos, que eran todos unos sofistas. Estos hombres quisieron que todos los dioses se dejaran engañar, y pusieron al deseo sexual (Afrodita) tranquilamente casado con su abominable esposo y estúpidamente asociado con su encantador amante. Es obvio, ambos eran el mismo.
.....Sólo Helios sabía la verdad. La prueba de que este mito no es griego es precisamente que sea Helios, y no Apolo, el que haya sobrevivido a la nominación en este relato. O tal vez esta sea la prueba de lo esencial y originalmente griego del mito.
.....Helios pertenece a la primera generación; ¿qué pinta en esta fabulilla entre dioses de segunda? Por otro lado, Afrodita, es también una diosa de primera generación, y, como diosa del deseo sexual, no hubiera sido una extraña consorte del sol, a lo Zeus y Hera. Helios es el heredero directo de su padre Hiperión (Helios Hiperion Panopter): "El que está por encima de todo concibe al que todo lo ve". Apolo es precisamente lo complementario: Apolo es el iluminador, "el que hace ver".
.....En este relato, Helios viene por su capacidad para ver. El relato nos dice que Helios ve el adulterio de Afrodita, cuando lo que denuncia el relato es lo contrario: lo que Helios ve es que Afrodita ama realmente a su esposo, su monstruosa creatividad es compartida en el herrero y la diosa. El versátil goce de la guerra es prueba de ello. O los griegos o sus lectores no comprendieron, como los dioses tampoco, estas peculiaridades de la condición humana. Este relato es un curioso desliz.
.....Helios, el que todo lo ve, viendo la no-diferencia entre Ares y Hefesto (algunos podrían decir que Helios estoy siendo yo viendo y relatando... ¡Nimiedades!), lo que sucede realmente es que con este relato nos hace ver la diferencia. Es decir, Hefesto no tendría por qué ser Ares, no tendría por qué ser feo, ni Afrodita amar ese objeto de lo humano, sino otro.
.....Este nuevo Helios denunciante (no ya vigilante) viene a cobrar forma en el gallo (dejaremos sin comentar las frecuentes asociaciones fálicas del gallo, cuyos envites son fácilmente asociables con la batalla sexual o bélica).
–El gallo hace ver a los dioses la ausencia del sol (sin él ¿es que los dioses no se habrían dado cuenta?)
–El gallo hace ver el sol.
–El sol hace ver el adulterio de Afrodita y la diferencia o no de Hefesto-Ares (el sol hace ver al gallo; la visión se vuelve invocante).
–La invocación del gallo hace ver al sol (invoca la visión): hace que lo veamos, hace que el sol vea.
.....La denuncia de Helios obliga a Hefesto a hacer uso de su ingenio tecnológico para construir un efecto visual, cuyo resultado es el relato mismo (una sutil red de plata casi invisible), que nosotros acogemos como si fueran hechos, con la misma ingenuidad de los dioses (es importante que Hefesto llama a los dioses -las diosas no fueron por pudor- para que sean testigos y vean: que Afrodita le es infiel, o bien que Hefesto y Ares son seres distintos, y que se rían del enfado de Hefesto y el ridículo de los amantes; humor que irónicamente encierra una verdad: Hefesto y Ares son el mismo).
.....¿Qué implica aquí Hefesto como herrero? Sería algo un poco anecdótico (las interpretaciones socio-históricas de la mitología son, en realidad, anecdóticas) incluir este detalle aquí, si no fuera porque la palabra es la herramienta principal del ser humano (instrumento, falo, arma). El hombre construye con la palabra a hierro y fuego la beligerancia de su deseo. La palabra lo esconde y la palabra lo denuncia. Es la palabra el Hefesto multiforme. Es el gallo que canta. Y el sexo de dos caras que oculta en los relatos su diferencia. El sol, antes de la palabra, el marido verdadero que denuncia con su ausencia: es así que desaparece como Helios y se presenta como Apolo, el soltero de oro.
 
 

viernes, 8 de agosto de 2014

Amantes y amados

Zeus:
Es amante. En el caso de Europa, adopta una posición de pseudo-amado (toro manso, se deja acariciar). Europa era una niña en posición de amada, mimada, protegida, ¿consentida?; pero Zeus la convierte en amante, y entonces la rapta en una relación de dos amantes: la civilización que surge de Europa será la civilización del toro Minos.
Amado: estable en la posición propia.
Amante: trabajo de transformación propia y del objeto amado para hacer posible el amor. Otorga a los futuros objetos amados (hijos) los atributos del amor original (toro) –esto podría ser también en posición de amado, como tributo para ganarse el amor del dios–.

Apolo:
Sus primeras aventuras (Pitón, orgullo...) lo presentan en posición de amado. Con Dafne, parece tener posición de amante (no estoy seguro); Dafne podría huir de esa posición excepcional de amante, obsesivo, perseguidor... pero ella, en posición de amada (amada exclusivamente por el padre-río) ¿no se sentiría complacida por el amor de Apolo? ¿Puede la posición de Dafne, de completa amada, no permitir el acceso de otro amor? Si Apolo fuera amante, conocería la posición de Dafne, la respetaría, trabajaría con ella para transformarla, antes de que se dejara enleñecer por el padre-río.
Hemos de deducir que en este mito, Apolo, con su frustración, podría haber aprendido el juego de amante amado. ¿Por qué? Los atributos de Apolo son de amante: dador de luz, dador enfermedades, impulsor de la razón, el conocimiento, la verdad, el arte, la belleza. Apolo proporciona aquello que puede hacer que los hombres amen en posición de amantes. El laurel, en cambio, es el emblema de los triunfadores, aquellos que corren peligro de caer en una posición de amados tan dura como la de Dafne. El mensaje del Laurel sería ambiguo: “tu victoria es irreal, como la de Apolo con Dafne” (= lo que has conseguido tal vez no haya sido por ser un verdadero amante), “tu victoria te otorga el objeto de deseo de Apolo” (= eres digno de ser amante); ¿solía acompañarse de veras por el mensaje “recuerda que sólo eres un hombre”? (= recuerda que has de ser amante y no amado); sin embargo, el laurel es como la última prueba del vencedor (= después de triunfar, ahora vence la tentación de quedarte como amado).
Ironía: Si con la transformación en laurel, Dafne pretendía ser amada exclusivamente por su padre-río; Apolo consigue que el laurel sea amado por todos los que compiten por ser amados, o compiten por ser los mejores amantes; en cualquier caso, la convierte en el objeto de amor de todos los que tienen algo que ver con el amor de Apolo.
Amado: lucha por la victoria y la primacía. ¡Intocable! (Igual a Artemis)
Amante: trabaja por que el otro venza, otorga a lo amado los atributos que le permitan vencer, ser verdadero y hermoso. Entrega.

Aquiles:

Su historia es una ambivalencia entre el que ha nacido para ser amante, pero su elección es ser amado. Así, su destino lo pone en una disyuntiva: amar y morir joven (y ser amado eternamente) o ser amado y morir anciano (pero no ser amado por la posteridad). Aquiles no puede ver en la segunda opción una oportunidad para ser amante. Él ama por obligación para luego ser amado eternamente. Aún así, se disfraza de amado para no tener que amar (pero Ulises descubre su verdadera condición: no sólo es capaz de quedarse siendo amado un tiempo, sino que está dispuesto a luchar por ser amado eternamente). La Ilíada lo sitúa claramente en su posición de amado: el asunto de Briseida* lo devuelve al estado original. Es precisamente la relación entre su amante-amado Patroclo y su enemigo Héctor quien lo devuelve a posición de amante: ama a Patroclo a través de la venganza, y ama a Héctor a través de su odio. Pero obsérvese que Aquiles no trabaja su amor en vida, sino que es en la muerte de Patroclo cuando lucha por él, y en la muerte de Héctor cuando lo trabaja (hace de él un arado).
* Obsérvese que la peste mandada por Apolo por Briseida, que debe ser devuelta a su padre, es un asunto parecido al de Dafne y su padre-río. Briseida, en cambio, pasa a ser como un laurel emblema del campeón.
Amado: Demandante de atributos. Hacer de la postura de amante algo pasajero para ser amado.
Amante: Insistencia en la necesidad de que algo sea amado-odiado. La muerte no destruye el amor.


Ulises:
Ulises, en la Odisea, está rodeado o en sucesión de pasajes que deberían trabajar su amor: hacerlo amante. Pero en todos ellos no parece demostrar amor ni a sus compañeros, ni a sus amantes, ni a su hijo, ni a su esposa, ni verdadero odio a los pretendientes. Todo lo hace por intercesión de Atenea, es decir, es un calculador. Su proyecto es la eficacia. Poseidón es un maestro de matemáticas dictando problemas y Atenea una chivata que mima a su hijo.
Los marineros se dejan matar por Ulises. Si no abandonan el barco a las primeras de canto ¿es que aman a Ulises? Los feacios escuchan el relato de un pirata sin escrúpulos, ¿cómo es posible que Alcínoo no lo expulse al saber de tanta fechoría –y tanta princesa enamorada–? ¿Realmente es que lo aman? Telémaco –al que le gusta mirar a los pretendientes a pesar de sus maldades– abandona a su madre y viaja en busca de su padre; luego, un vagabundo cualquiera le dice que es su padre y se lo cree, tras confundirlo con un dios; incluso recrimina a su madre que no se rinda de amor ante el “retornado” Ulises; ¿qué tipo de hijo es este? Lo de Penélope no tiene nombre (“pero tu corazón ha sido siempre más duro que una piedra” = σοὶ δ’ αίεὶ κραδίη στερεωτέρη  έστὶ λίθοιο). En fin, en los personajes no brotan las emociones propias de sus aventuras... todo es un entramado narrativo; si bien, toda la narración es un baile de objetos de deseo. Es como un ¡capullos! ¿cómo podéis ser tan amados y no aprender a ser amantes? Homero nos insulta con su Odisea; y nosotros, incautos, nos enamoramos de Homero. Pero no hemos aprendido aún a amar a Homero de verdad. Hay, pues, un problema no resuelto, pendiente de resolución en la Odisea.
Amado: cualquier cosa es amada; si no, no sería (fácil: no entraría en la narración).
Amante: ignorante cuya ignorancia produce saber y amor, a los que sólo puede acceder de forma indirecta, entregado –devuelto– por el otro (que no tiene por qué).

***

viernes, 1 de agosto de 2014

Helena

Acaso la belleza esté reñida
con la perfección y sólo habita
en la posibilidad dialéctica,
en la oposición, en el conflicto,
como la manzana de la discordia.



La extraña relación que ha querido verse entre ética y estética. La trabazón neoplatónica entre Bien, Belleza y Verdad. La jerarquización de valores en criterios ya sociales, ya morales, ya económicos. Quisieran verse como causa o consecuencia de la constante disputa humana. 
Afrodita con su erotismo. Atenea y la intelectualidad utilitaria, práctica, estratégica. La indefinida feminidad de Hera. No es esa la discordia, sino la trágica armonía divina que en términos humanos se traduce en una interminable guerra de Troya. A nivel social está claro. A nivel personal cada cual con su fanatismo (siempre elija a Afrodita a pesar de las máscaras).
No está narrado el mito en el que la manzana es para Atenea. No está narrado el mito en el que la manzana es para Hera. 
Zeus quiso evitar su propia decadencia y casó a Tetis con Peleo. La boda, pues, fue el sucedáneo de la que hubiera sido la auténtica boda (no está narrada la boda entre Zeus y Hera). En esa boda se comete el error de evitar la discordia buscando la boda perfecta. Y de ahí hasta la Guerra de Troya, triunfo definitivo de las diosas modernas (Hera, Atenea) olímpicas, griegas, frente a las diosas antiguas (Afrodita, Tetis).
A nivel de significantes, concordia y discordia quedaría en la relación entre entre lo hermoso y lo más hermoso (kalós y kalistos). No sólo lo más hermoso, sino el Bien mejor, lo más verdadero. Fanatismos egoístas del fantasma de belleza.

viernes, 18 de julio de 2014

La locura de Áyax

(Sobre Áyax de Sófocles)

Yo soy la prueba que vosotros habréis de superar.
Nacisteis, vivisteis, aprendisteis
para que yo, en el plazo previsto por los dioses,
sobreviva a la razón, la locura,
el cruento asesinato de los monstruos.
_

ÁYAX

He degollado el ganado de la ciudad.
Marquesinas, papeleras, fariseos escaparates.
He hecho ornato en los versos que otros escupieron.
He insultado al alcalde y he dicho cosas terribles de la mujer.
Con la sangre vertida de mis enemigos podría hacer, al menos, cinco ciencias.
He construido avenidas de dolor. He devorado belleza.
Y aún espero el castigo de los dioses.
_

La noche ha de llevarse tu historia y tus armas
al útero de la tierra. De lo contrario, darás alimento
a la civilización; ya sabes, la impiedad, el arte, la violencia,
eso que está tejido no con la fina labor del Destino,
sino con los ojos delirantes de Atenea.
_

No descuides el rito debido a los difuntos,
vaya a ser que tu vida sea ahora un sueño
que no has sabido olvidar.
_

SOL

Este es el plazo dado para sanar de mi locura:
olvidar que te necesito, pues está en mi condición
salir antes de tiempo.
_

¿Cómo puedes tener miedo de que la locura te vea?
_

No ejecutes en el rey tu venganza, sino en su pueblo.
Pero no dañes al pueblo, sino a su ganado.
Siempre que no pises el ganado, sino su sombra.
Y si la sombra cubriera tu pie, haz de tu pie el blanco de tus insultos.
Y si te sintieras insultado, herido por ti mismo,
da por bien ejecutada entonces tu venganza.
Transmite luego la noticia al rey,
al pueblo, al ganado, a su sombra, al pie
que ha de llevarte hasta el vacío lentamente.


(Versiones, junio de 2011 -hacia entradas anteriores-)

miércoles, 9 de julio de 2014

El regalo de los griegos

Si Laocoonte es la cultura griega misma y nosotros somos sus hijos, ¿de qué manera nosotros nos debatimos en ese mismo proceso educativo? ¿Grecia está siendo un buen padre para nosotros? Eso podrían preguntarse los intelectuales del Helenismo, y esto podemos preguntarnos nosotros, en este prolongado Helenismo que es la cultura occidental. ¿Qué es Grecia para nosotros? ¿Son las serpientes, y nosotros los ingenuos troyanos que como Laocoonte quieren ser servidores de Apolo y Afrodita a un tiempo? ¿Es Grecia un sufrido Laocoonte, incapaz de asumir bien el intelecto engañador que ve en Atenea?
Podemos empezar observándolo desde el punto de vista de Laocoonte. Grecia ha entrado en nosotros con su caballo de ciencia y ha destruido nuestra ingenuidad. La razón iluminadora y clarividente de Apolo ha sido invadida por el intelecto materialista, propio de Atenea,. De hecho, el caballo es también símbolo de Poseidón (ambos asociados a  Atenas), un dios preferentemente castigador, y relacionado con el miedo y los monstruos marinos, que un pueblo naval como el griego ha de aplacar constantemente. Robert Graves interpreta la guerra de Troya como una lucha entre Poseidón y Afrodita, dos dioses marinos, y sería un nuevo ejemplo de la sucesión de una sociedad matriarcal por otra patriarcal.
Las voces que claman recriminando el gran patriarcado que ha sido la cultura occidental, y también los que se quejan del exceso de orgullo del positivismo científico, del escepticismo tiránico, del materialismo, todos ellos se encontrarán luchando en la misma posición que Laocoonte; pero el Laocoonte de esta misma estatua. Estaríamos así asfixiados por el propio perfeccionismo de la escultura. Nuestra misma esencia serían las serpientes que no sólo martirizan al hombre, sino que lo esculpen dotándolos de una perfección sobrehumana. Y seríamos los protagonistas-testigos de esa trágica labor de modelado.
Ahora bien, no olvidemos que Laocoonte es castigado por sus propios pecados y por eso cayó Troya. El caballo de Troya es el reflejo de la propia falsedad de Laocoonte. Si realmente se hubieran separado los valores de Apolo y Afrodita (castidad), sí podrían haber interpretado bien el engaño de los griegos, y la ciudad se habría salvado. Es precisamente el caballo (Atenea, el intelecto, la razón práctica) lo que permite esa doble naturaleza (sensual y espiritual). Sin embargo las consecuencias son terribles: la ciudad es destruida. El intelecto desplaza al goce, a la sexualidad, pero también desplaza a la verdadera sabiduría (Apolo).
Tal vez, en la estructura nuclear del grupo de Laocoonte se perciba también el jugo simbólico que suponen estos tres dioses en el mito: Apolo como eje de balanza entre Afrodita y Atenea. Se corresponde con Laocoonte haciendo de balanza entre sus dos hijos. Uno de ellos parece sucumbir al empuje de las serpientes y otro parece poder escapar aún. Estos dos hijos podrían ser los dos instintos del sacerdote: su inconsciente (sexual - Afrodita) y su consciente (intelectual - Atenea). Quién es quién, eso es más difícil de decidir. Sí podríamos otorgar un componente sexual a las serpientes, pero también en lo sexual-inconsciente se encuentra la verdad del ser; todo esto ya lo hemos explicado.
La mirada a los cielos del padre está acorde con esa mirada a Apolo. Es Apolo quien castiga, quien dicta aquí la ley, quien manda las serpientes. Apolo es defensor de Troya, pero también es quien acaba propiciando su destrucción. Para acceder al altar de Apolo hay que pagar un precio. El legado de los griegos nos permite escabullir ese precio y vivir como ingenuos troyanos, como vivió Laocoonte. Pero la debilidad de Laocoonte la heredan sus hijos y de manera creciente los hijos de sus hijos, hasta llegar a la perdición de la ciudad entera. El debate entre el progreso y la decadencia. He ahí una interpretación de la evolución de Occidente.
No olvidemos, sin embargo, que todo ha sucedido ya. Troya  ha caído. Ya estamos inmersos en ese doble juego del intelecto. Ya estamos en esa lucha intergeneracional deteriorándonos por el empuje creciente de los errores que se acumulan desde el pasado. Y en esa lucha individual por escapar, por zafarnos y encontrar la salvación. Así lo dicta el mito. El pecado original ya ha sido, y es imposible no pagar el precio de Laocoonte.

jueves, 3 de julio de 2014

Zoon - Theos

El ser humano es una piedra domesticada.
Un barro robado, masticado.
Mirado de perfil es una tumba, de frente
araña de sus días y ladrillos.
Hermoso escupitajo migratorio también
voy a apretarte gallito, mientras hablaba
feliz con la serpiente.


sábado, 14 de junio de 2014

Atenea, 8 de Septiembre de 2010

Para estudiar me encerraba
en un escaparate de devoración.
Mientras tomabais mis envidias,
aun más pacientes que yo,
tejíais alborotos como héroes de piedra,
me inventabais ciudades y conflictos.
Y cuando llegue el tiempo del olvido
merodeará esta red sólo de símbolos.


domingo, 8 de junio de 2014

PROMETEO Y EL ROBO DEL FUEGO (1/5): Dioses de la luz

DIOSES DE LA LUZ
 
El primer dios griego relacionado con la luz es Hiperión. En latín supongo que debería traducirse como “Superante”, el que está por encima. Esta superioridad establecida por los griegos es muy interesante, pues separa la luz de su concepción material y la lleva a una concepción estructural (de ahí que se asocie también la luz como aquello elevado en el pensamiento).
Helios, Selene y Eos son sus hijos, y representan las grandes luminarias celestes. Probablemente estas fueran las divinidades primeras, de las cuales luego se deduciría Hiperión. Pero, sabiamente, este nuevo dios se introduce como padre, y no como hijo.
El siguiente dios de la luz es Zeus, a través de su emblema: el rayo. Siendo el rayo, Zeus representa lo fulminante de la luz. Es una luz breve, instantánea y destructiva. La chispa divina. Un punto tangencial entre lo celestial (Hiperión) y lo terrenal.
Sus dos hijos, Apolo y Hefesto, terminan de desarrollar la disociación entre luz y fuego. En ambos casos se relaciona con la inteligencia. Apolo, la luz, es la razón, la verdad, la belleza y al mismo tiempo mantiene su papel fulminante, con sus dardos mortales. Hefesto, el fuego, está ligado a lo tecnológico, el saber práctico, lo maquinal, es feo pero sorprendentemente creativo.
Atenea, el intelecto práctico, la estrategia, parece derivar de una idea parecida a la de Hefesto; sin embargo los griegos hacen casar a Hefesto con Afrodita, su opuesto. Apolo es hijo de Zeus y Leto (=olvido, hija del titán Ceo =inteligencia y la titánide Febe =brillo; curioso hilvanado de conceptos este) y es padre de Esculapio, el médico. La luz está directamente asociada al saber de la muerte.
Falta una diosa más; Hestia, el calor del hogar. Hermana de Zeus, es la primera hija de Crono y Rea.

En este contexto divino, Prometeo roba el fuego a los dioses. Concretamente, el robo del fuego surge dentro de la disputa entre Zeus y Prometeo por el papel que debiera jugar el hombre con respecto a los dioses. Así pues, el mito de Prometeo es fundamental en el sentido de que marca la visión griega de la relación de lo divino y lo humano: ¿qué es el hombre en relación a los dioses?, ¿qué son los dioses con respecto al hombre?
El robo del fuego permite a los hombres el acceso a los valores “humanos” de la luz, marcados con los dioses olímpicos: Apolo, Hefesto, Hestia... No así al atributo de Zeus.

(Diciembre, 2011)